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Cómo guarda información el ADN

Cuatro bases químicas permiten almacenar instrucciones que las células copian, leen y regulan.

Lo importante es el orden

El ADN es una molécula que contiene información hereditaria. Hablar de información puede sonar abstracto, pero aquí tiene un soporte físico: una larga secuencia de componentes químicos. Cuatro bases, conocidas por las letras A, T, C y G, aparecen en distintos órdenes a lo largo de la molécula.

Las letras representan adenina, timina, citosina y guanina. Podemos comparar una secuencia con un texto: un alfabeto pequeño permite construir mensajes muy diversos si cambiamos el orden de sus elementos. La comparación ayuda a imaginarlo, aunque una célula no lee palabras ni interpreta frases como lo hacemos nosotros.

Una estructura que ayuda a copiar

El ADN suele representarse como una escalera retorcida, la doble hélice. Sus dos cadenas tienen un soporte de azúcares y fosfatos. Las bases forman parejas entre ambas cadenas: A se empareja con T y C con G. Cada unidad formada por una base, un azúcar y un fosfato se llama nucleótido.

Esta complementariedad resulta útil cuando la célula copia su ADN: cada cadena puede servir de molde para construir otra. Si en el molde aparece una A, en la nueva cadena corresponde una T. Copiar el ADN permite transmitir información a las células nuevas durante la división celular.

De una secuencia a una proteína

Para producir una proteína, la célula utiliza la información de un gen mediante varios pasos. Primero genera una molécula de ARN mensajero a partir del ADN. En nuestras células, ese mensaje puede salir del núcleo y llegar a los ribosomas, las estructuras donde se fabrican las proteínas.

El ribosoma recorre el ARN mensajero en grupos de tres nucleótidos llamados codones. La mayoría de los codones indican qué aminoácido incorporar a la cadena que se está formando; otros señalan su terminación. Los aminoácidos son los componentes con los que se construyen las proteínas.

Esta ruta explica una parte fundamental del uso de la información genética. Sin embargo, no todo el ADN contiene recetas de proteínas: existen genes cuyo producto funcional es ARN y regiones que intervienen en la regulación.

Tener una instrucción no significa usarla siempre

Una célula muscular y una célula del hígado pueden compartir prácticamente el mismo ADN y realizar trabajos diferentes. Una razón esencial es que utilizan conjuntos distintos de genes. La regulación controla cuándo se expresa un gen y en qué cantidad, en respuesta a señales internas y del entorno celular.

Por eso imaginar el ADN como un libro es solo el comienzo. También hacen falta mecanismos que seleccionen qué partes utilizar, cuándo hacerlo y cuánto producto fabricar. La vida depende tanto de conservar las secuencias como de coordinar su uso.

Fuentes y lecturas